“En lo tocante a ciencia, la autoridad de un millar
no es superior al humilde razonamiento de un hombre”.
“Ciencia es aquello sobre lo cual cabe siempre discusión”.
INTRODUCCIÓN
Con esta página web pretendemos aportar un poco de luz, con seriedad y rigor[1], a una de las situaciones más PELIGROSAS que existen hoy en día en el ámbito clínico. Nos referimos, ni más ni menos, que al uso “sanitario” de uno de los metales no radiactivos más TÓXICOS, más CONTAMINANTES y más DAÑINOS que existen; a un metal pesado[2] empleado como elemento protésico dental, que llega a entrar en contacto con mucosas, fluidos salivares, riego sanguíneo, tejido nervioso, etc., y que, de modo no sólo directo sino también indirecto (p. ej., debido a su incuestionable efecto inmunosupresor) produce múltiples patologías. Se trata de:
[1] No obstante, por supuesto, esta página web NUNCA podrá sustituir a la consulta de un médico en general, de un toxicólogo en particular, o de otro doctor de cualquier otra especialidad, experto en intoxicaciones por metales pesados.
[2] Metales pesados y características puede consultarse en: Swedish EPA (2004). Heavy metals. (www.internat.naturvardsverket.se/index.html), en www.ecoportal.net/content/view/full/37424 (artículo del Bioquímico Norberto I. Schinitman, titulado “Metales pesados, ambiente y salud”), en www.lenntech.com/espanol/metales%pesados.htm, o en UNECE (2004). The 1998 Aarhus Protocol on Heavy Metals (www.unece.org/env/lrtap/hm_h1.htm). Si bien la lista de metales pesados es mucho mayor, se puede decir que los más comunes son: mercurio, plomo, cadmio, hierro, manganeso y aluminio.
[3] Hg en adelante.
[4] También, eufemísticamente, llamadas “amalgamas o empastes de plata”.
[5] Catedrático emérito de Salud Medioambiental en la Universidad de Lund (Suecia) y ex-coordinador de dos Grupos de Trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno sobre criterios de Salud Medioambiental para el Mercurio Inorgánico (“WHO Environmental Health Criteria 118”, 1991) y de otro para el Metilmercurio. ¡Desde luego, una persona nada sospechosa de censurar sin criterio científico el uso (y abuso) de las amalgamas dentales!
[6] El Hg es un potente citotóxico, es decir, mata las células. Es un xenobiótico que, teóricamente es capaz de producir efectos tóxicos con cualquier nivel de exposición. También tiene capacidad de biomagnificación, porque sus efectos se transmiten de unas especies biológicas a otras, y es bioacumulativo, porque sus efectos se acumulan y aumenta poco a poco su concentración en un organismo biológico en un cierto plazo. Si tenemos en cuenta que su vida media biológica en el organismo es de unos 10.000 días, es decir, 27 años aproximadamente, conviene plantearse la posibilidad de ayudar al cuerpo a desintoxicarse. Otra cosa es la “ayuda” que se recibe por parte de médicos y Autoridades Sanitarias, que comentaremos más adelante, y que se aproxima a dividir cero entre cualquier número. ¡Hablamos por experiencia propia!
[7] Este Informe puede descargarse en formato PDF en: www.dentalmaterial.gov.se/Mercury.pdf Aconsejamos encarecidamente su lectura a quienes se manejen al menos medianamente en inglés, pues no tiene desperdicio, especialmente en tanto en cuanto ha sido elaborado, supervisado y firmado por el Prof. Dr. Maths Berlin, como ya hemos dicho, una reputada autoridad en temas de Hg a nivel mundial.
[8] También denominadas subagudas, frente a las intoxicaciones agudas.
[9] Las amalgamas dentales no producen intoxicaciones agudas, salvo en casos excepcionales en los que el paciente tenga un gran número de amalgamas (normalmente más de 7), así como variables favorecedoras de la salida de Hg (ver epígrafe ad hoc).
[10] El diccionario dice que una amalgama es una aleación de Hg con otro metal (o metales). Las que se emplean actualmente en Odontología, de color gris metálico, de modo oficial al menos, se dice que están elaboradas mezclando Hg líquido (50% del volumen total) con plata (35%), estaño (13%), cobre (2%) y una pequeña cantidad de zinc. Decimos “de modo oficial” porque en el análisis de algunas amalgamas se han encontrado otras sustancias también dañinas como cadmio o níquel.
[11] Véase, p. ej., Cutler, A.H. (1999). Amalgam Illness: Diagnosis and Treatment. What you can do to get better. ISBN 0-9676168-0-8. Se trata de un interesante libro de Andrew Hall Cutler, doctor en Química y diplomado en Físicas, el cual padeció una intoxicación crónica por Hg proveniente de sus amalgamas dentales. Se autoformó en Bioquímica y Medicina, y logró recuperar su salud.
[12] Ver Informe “Agricultura y salud” (p. 4) del Prof. Dr. Nicolás Olea, catedrático de Medicina Interna de la Universidad de Granada y Jefe de la Unidad de Radiología del Hospital Clínico de Granada: www.aldearural.com/subcategorias/documentacion/AgriculturaSalud.htm Véase también: www.wwf.es/toxicos/toxicos.php
[13] En una encuesta de WWF/Adena del año 2003 sobre contaminación química (ver www.infoecologia.com) el 83% de los europeos se manifestaron preocupados por la contaminación química y el 69% de los encuestados estarían dispuestos a pagar un euro más al año por los productos domésticos de uso diario si la industria química identificara y eliminara las sustancias más peligrosas. Nosotros nos preguntamos si, entonces y ahora, las personas (no sólo europeas) estarían o no dispuestas a pagar un euro más al año en sus impuestos si con ello los responsables de Sanidad de los distintos gobiernos y países les ASEGURASEN que los materiales odontológicos que se colocasen en sus bocas a partir de entonces no serían potencialmente peligrosos. ¡Creemos CONOCER la respuesta!
[14] Preferimos pensar que, en especial las Autoridades Sanitarias, a las que confiamos nada más y nada menos que nuestra salud y que han de ejercer un adecuado control sobre el personal medico-sanitario y los materiales empleados en la práctica sanitaria, no son realmente conscientes de los riesgos advertidos por expertos contrastados y por los Informes de la OMS. No obstante, si una Autoridad Policial nos pone una multa, p. ej., por no pagar el ticket de aparcamiento preceptivo o por ir a 150Km/h por una autopista, ¿será suficiente con alegar que ignorábamos que había que pagar ese ticket o que el límite de velocidad en autopista son 120Km/h, o nos dirá que la ignorancia de la Ley no exime de su cumplimiento?